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XXVI

una necesidad acuciante por la que estoy dando, posiblemente, mi vida? Si alguien tuviera que ir a ese lugar para quedarse, soy yo quien tendría que ir a hacerles compañía. —Haga lo que quiera —dijo Jonathan, con un sollozo que lo sacudió por completo—, ¡estamos en manos de Dios! Más tarde.⁠—¡Oh, me hizo tanto bien ver la forma en que estos hombres valientes trabajaron! ¡Cómo no van a amar las mujeres a los hombres cuando son tan sinceros, tan leales y tan valientes! Y, además, ¡me hizo pensar en el maravilloso poder del dinero! Qué no puede hacer cuando se aplica adecuadamente, y qué podría hacer si se usa vilmente. Me sentí muy agradecida de que Lord Godalming sea rico, y de que tanto él como el Sr. Morris, que también tiene abundante dinero, estén dispuestos a gastarlo con tanta generosidad. Pues de no ser así, nuestra pequeña expedición no podría partir, ni con tanta prontitud ni tan bien equipada, como lo hará dentro de otra hora. No han pasado tres horas desde que se dispuso qué parte debía hacer cada uno de nosotros; y ahora Lord Godalming y Jonathan tienen una hermosa lancha de vapor, con presión lista para partir a la primera señal. El Dr. Seward y el Sr. Morris tienen media docena de buenos caballos, bien aperados. Tenemos todos los mapas y bártulos de diversa índole que se pueden conseguir. El profesor Van Helsing y yo partiremos en el tren de las 11:40 de esta noche hacia Veresti, donde debemos conseguir un carruaje para ir al desfiladero de los Borgo. Llevamos una buena cantidad de dinero en efectivo, ya que hemos de comprar un carruaje y caballos. Conduciremos nosotros mismos, pues no tenemos a nadie

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