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Diario de Jonathan Harker

en leer el corazón, para que se preocupen por semejante asunto. No, no, amigo Jonathan, ve tú a quitarle la cerradura a un centenar de casas vacías en este vuestro Londres, o en cualquier ciudad del mundo; y si lo haces como tales cosas se hacen debidamente, y a la hora en que tales cosas se hacen debidamente, nadie interferirá. He leído de un caballero que poseía una casa tan hermosa en Londres, y cuando se iba por los meses de verano a Suiza y cerraba su casa con llave, algún ladrón venía y rompía la ventana de atrás y entraba. Luego iba y abría los barrotes del frente y salía y entraba por la puerta, ante los mismos ojos de la policía. Luego organizaba una subasta en esa casa, la anunciaba y ponía un gran cartel; y cuando llegaba el día, vendía a través de un gran subastador todos los bienes de aquel otro hombre que era el dueño. Luego iba a un constructor, y le vendía esa casa, llegando al acuerdo de que la derribaría y se llevaría todo en un plazo determinado. Y vuestra policía y demás autoridades le ayudan en todo lo que pueden. Y cuando el dueño regresa de sus vacaciones en Suiza solo encuentra un hueco vacío donde solía estar su casa. Todo esto se hacía en règle ; y en nuestro trabajo también estaremos en règle . No iremos tan temprano como para que los policías, que a esa hora tienen poco en qué pensar, lo consideren extraño; sino que iremos pasada las diez, cuando hay mucha gente alrededor, y tales cosas se harían si fuéramos en verdad los dueños de la casa». No pude por menos que ver cuánta razón tenía, y la terrible desesperación del rostro de Mina se relajó un tanto; había esperanza en tan buenos consejos. Van Helsing continuó:⁠—

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