y parecía no haberse cambiado ni de lado. La aventura de la noche no parece haberla perjudicado; por el contrario, le ha sentado bien, pues esta semana se ve mejor de lo que se ha visto en semanas. Siento que mi torpeza con el imperdible la haya lastimado. De hecho, podría haber sido grave, ya que le atravesó la piel de la garganta. Debo de haber pellizcado un trozo de piel suelta y lo he traspasado, pues hay dos pequeños puntos rojos como pinchazos de aguja, y en la tira de su camisón había una gota de sangre. Cuando me disculpé y me mostré preocupada, se rió, me acarició y dijo que ni siquiera lo había sentido. Afortunadamente no puede dejarle cicatriz, ya que es muy diminuto. Mismo día, noche. —Pasamos un día feliz. El aire era claro, el sol brillaba y soplaba una brisa fresca. Llevamos nuestro almuerzo a Mulgrave Woods, la señora Westenra fue en coche por la carretera y Lucy y yo fuimos caminando por el sendero del acantilado para encontrarnos con ella en la puerta. Yo misma me sentía un poco triste, pues no podía evitar pensar en lo absolutamente feliz que habría sido si Jonathan hubiera estado conmigo. ¡Pero bueno! Tan solo debo tener paciencia. Por la noche paseamos por la Terraza del Casino, escuchamos buena música de Spohr y Mackenzie y nos fuimos a la cama temprano. Lucy parece más tranquila que en todo este tiempo y se quedó dormida enseguida. Cerraré la puerta con llave y aseguraré la llave igual que antes, aunque no espero ningún problema esta noche. 12 de agosto. —Mis expectativas fallaron, pues dos veces durante la noche me despertó Lucy intentando salir. Incluso dormida, parecía mostrarse un poco impaciente al encontrar la puerta cerrada y regresó a la cama a modo de protesta. Me desperté con el alba y oí a los pájaros
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VIII. Diario de Mina Murray
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