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Diario de Jonathan Harker

nada, pues me sentía obligado a complacer los deseos de mi anfitrión en todos los sentidos. No tenía sueño, ya que el largo descanso de ayer me había fortalecido; pero no pude evitar experimentar ese escalofrío que se apodera de uno a la llegada del alba, que es semejante, en cierto modo, al cambio de marea. Se dice que las personas que están cerca de la muerte mueren generalmente con el cambio al alba o con el cambio de marea; cualquiera que haya experimentado este cambio en la atmósfera cuando está cansado y, por decirlo así, atado a su puesto, puede creérselo perfectamente. De repente oímos el canto de un gallo que ascendía con una estridencia sobrenatural a través del aire claro de la mañana; el Conde Drácula, poniéndose de pie de un salto, dijo:⁠— > > «¡Vaya, ya es otra vez de día! Qué descuidado soy al dejarte desvelado tanto tiempo. Debes hacer que tu conversación sobre mi querido y nuevo país, Inglaterra, sea menos interesante, para que no olvide cómo vuela el tiempo ante nosotros», y, con una reverencia cortés, me dejó rápidamente. > > Fui

8 de mayo. ⁠—Comencé a temer, al escribir en este libro, que me estaba volviendo demasiado prolijo; pero ahora me alegro de haber entrado en detalles desde el principio, pues hay algo tan extrañamente perturbador en este lugar y en todo lo que hay en él que no puedo evitar sentir inquietud. Ojalá estuviera a salvo fuera de aquí, o no hubiera venido nunca. Puede que esta extraña existencia nocturna esté haciendo mella en mí; ¡pero ojalá eso fuera todo! Si hubiera alguien con quien hablar, podría soportarlo, pero no hay nadie. Solo tengo al conde

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