debe cruzar las aguas amargas para llegar a las dulces. Él, el pobrecillo, debe pasar por una hora que hará que el mismísimo rostro del cielo se le vuelva negro; entonces podremos actuar para el bien de todos y enviarle la paz. Mi decisión está tomada. Vámonos. Tú regresa a casa por esta noche, a tu sanatorio, y procura que todo esté bien. En cuanto a mí, pasaré la noche aquí, en este cementerio, a mi manera. Mañana por la noche vendrás a verme al Hotel Berkeley a las diez en punto. Haré que llamen también a Arthur, y asimismo a ese magnífico joven de América que dio su sangre. Más tarde todos tendremos trabajo que hacer. Iré contigo hasta Piccadilly y cenaré allí, pues debo estar de vuelta aquí antes de que se ponga el sol.
Así que cerramos con llave la tumba y nos alejamos, saltamos el muro del cementerio, lo cual no fue gran cosa, y regresamos a Piccadilly en coche.
“ 27 de septiembre. “Amigo John— “Escribo esto por si algo llegara a suceder. Voy solo a hacer guardia en ese cementerio. Me complace que la No-Muerta, la señorita Lucy, no salga esta noche, para que así en la noche de mañana esté más ansiosa. Por lo tanto, colocaré algunas cosas que a ella no le gustan—ajos y un crucifijo—y así sellaré la puerta de la tumba. Ella es joven como No-Muerta, y hará caso. Además, esto es solo para evitar que salga; puede que no sirvan si lo que quiere es entrar; pues entonces el No-Muerta está desesperado, y ha de hallar la línea de menor resistencia, sea cual fuere. Estaré allí toda la noche, desde la puesta de sol hasta después del amanecer, y si hay algo que pueda aprender, lo aprenderé. De la señorita Lucy o de ella, no tengo miedo; pero ese otro por obra de quien ella es No-Muerta, él tiene ahora el