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I. Diario de Jonathan Harker

apañado sin ellos. > > Como dispuse de algo de tiempo cuando estuve en Londres, visité el Museo Británico y busqué entre los libros y mapas de la biblioteca información sobre Transilvania; se me ocurrió que tener un conocimiento previo del país difícilmente dejaría de ser importante a la hora de tratar con un noble de esas tierras. Descubro que el distrito que mencionó se encuentra en el extremo oriental del país, justo en la frontera entre tres estados: Transilvania, Moldavia y Bucovina, en pleno corazón de los montes Cárpatos; una de las regiones más salvajes y menos conocidas de Europa. No logré dar con ningún mapa o trabajo que indicara la ubicación exacta del castillo de Drácula, ya que en este país todavía no hay mapas comparables a los de nuestro servicio cartográfico nacional (Ordnance Survey); pero descubrí que Bistritz, la localidad postal nombrada por el conde Drácula, es un lugar bastante conocido. Anotaré aquí algunas de mis notas, pues podrán refrescarme la memoria cuando hable de mis viajes con Mina. > > En la población de Transilvania hay cuatro nacionalidades bien diferenciadas: los sajones en el sur, y mezclados con ellos los valacos, descendientes de los dacios; los magiares en el oeste, y los székelys en el este y el norte. Voy a adentrarme entre estos últimos, que afirman ser descendientes de Atila y los hunos. Puede que sea así, pues cuando los magiares conquistaron el país en el siglo XI ya encontraron a los hunos asentados en él. Leí que todas las supersticiones conocidas del mundo se concentran en la herradura de los Cárpatos, como si fuera el centro de algún tipo de remolino imaginativo; de ser así, mi estancia puede resultar de lo más interesante. (Nota: debo preguntarle al

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