Desea que le diga que no lleva suficiente dinero consigo y que le gustaría pagar su estancia aquí, para que a otros que lo necesiten no les falte ayuda. “Créame, “Suya, con simpatía y todas las bendiciones, “ Hermana Ágata. “P. D.—Estando mi paciente dormido, abro esta para informarle de algo más. Me lo ha contado todo acerca de usted, y que en breve habrá de ser su esposa. ¡Todas las bendiciones para ambos! Ha sufrido un impacto terrible —así lo afirma nuestro médico— y en su delirio sus desvaríos han sido espantosos; de lobos, veneno y sangre; de fantasmas y demonios; y temo decir de qué más. Sea prudente con él siempre, de modo que no haya nada que pueda excitarlo con algo de este tipo durante mucho tiempo; las huellas de una enfermedad como la suya no desaparecen a la ligera. Habríamos escrito hace mucho, pero no sabíamos nada de sus amigos y no llevaba encima nada que nadie pudiera comprender. Llegó en el tren desde Klausenburg, y el jefe de estación de allí le indicó al revisor que él había irrumpido en la estación pidiendo a gritos un billete para casa. Al ver por su violento comportamiento que era inglés, le dieron un billete para la estación más lejana en esa dirección a la que llegaba el tren. “Tenga la seguridad de que está bien atendido. Se ha ganado todos los corazones por su dulzura y su afabilidad. Verdaderamente va mejorando y no tengo duda de que en unas pocas semanas volverá a ser él mismo. Pero cuídelo por razones de seguridad. Ruego a Dios, a san José y a santa María que les aguarden muchos, muchos años de felicidad a ambos”.
Table of Contents
VIII. Diario de Mina Murray
152