Codal
nydus/The Sword of DamoclesPublic
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Una discusión

—Con un piloto como usted, debería ser capaz de evitar los bajíos —dijo él, con una sonrisa franca que iluminaba un rostro más interesante que apuesto.

El anciano no devolvió la sonrisa. En su lugar, siguió contemplando el amplio fuego de carbón que ardía en la chimenea ante él con una mirada que para el joven músico era sencillamente inexplicable.

“Ves el barco en el puerto —murmuró al fin—, pero no consideras qué tormentas ha capeado ni qué peligros ha evitado. Es un viaje que no animaría a emprender a ninguno de mis hijos”.

—¡Sin embargo, usted no es el hombre que ha de rehuir el peligro ni dudar en un camino que se hubiera trazado, debido a la lucha que entrañaba o a las dificultades que presentaba! —exclamó el joven casi involuntariamente, mientras su mirada se detenía con cierta fascinación en la poderosa frente y los ojos firmes, aunque algo melancólicos, de su compañero.

“No; pero el peligro y la dificultad no deben buscarse, solo sofocarse cuando se presentan.

Si a usted se le hubiera empujado a tomar este camino, yo diría: «¡Dios se apiade de usted!», y le tendería la mano para ayudarle a mantener el equilibrio al borde de sus precipicios y sobre sus arenas movedizas.

Pero a usted no le empuja a ello la necesidad. Su profesión le ofrece los medios para una holgada subsistencia, al tiempo que su buen corazón y sus notables talentos le aseguran un éxito definitivo y honorable, tanto en el mundo social como en el artístico. Para un joven de veinticinco años semejantes perspectivas no son comunes y hay que ser muy difícil de complacer para no estar satisfecho con ellas.

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