Él se detuvo: «¿Vendrás, Paula?».
—Sí, sí.
—Pronto no, ahora tampoco —murmuró—; Dios te mostrará cuándo.
Y sin más que una mirada, sin haberla tocado ni haberle rozado siquiera las vestiduras, se retiró de nuevo a su habitación.
Él se detuvo: «¿Vendrás, Paula?».
—Sí, sí.
—Pronto no, ahora tampoco —murmuró—; Dios te mostrará cuándo.
Y sin más que una mirada, sin haberla tocado ni haberle rozado siquiera las vestiduras, se retiró de nuevo a su habitación.