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nydus/The Sword of DamoclesPublic
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XXXV. La señorita Belinda pone condiciones

Su tío bajó la mano que hasta entonces se había tenido ante el rostro, y se enfrentó apresuradamente a su sobrino.

“You will have enough to do to attend to the other matter without bestowing any time or attention upon this. The man that robbed Mr. Stuyvesant’s box, can be found and must. It is the one indispensable business to which I now delegate you. No amount of money and no amount of diligence is to be spared. I rely on you to carry the affair to a successful termination. Will you undertake the task?”

—¿Puedes preguntar? —murmuró el joven, con una mirada de asombro ante la expresión cambiada de su tío.

“En cuanto a este otro asunto, lo dejaremos para mañana. Las revelaciones de mañana tal vez sean más favorables de lo que esperamos. En cualquier caso, intentemos descansar un poco ahora; estoy seguro de que ambos estamos en condiciones de necesitarlo”.

Bertram se levantó. —Estoy a vuestras órdenes —dijo, y se dispuso a marchar. De pronto se volvió, y los dos hombres quedaron cara a cara. —No tengo ningún deseo —continuó—, de verme libre de mi carga a expensas de nadie más. Si ha de ser soportada por alguien, que sea llevada por quien es lo suficientemente joven y robusto para sostenerla. —Y su mano se extendió involuntariamente hacia su tío.

Mr. Sylvester tomó esa mano y miró a su sobrino larga y atentamente. Bertram pensó que iba a hablar, y se armó de valor para afrontar con entereza cualquier cosa que pudiera decirse.

Pero los labios que el señor Sylvester había abierto se cerraron con firmeza y, conformándose con un simple apretón de manos a su sobrino, le permitió marchar.

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