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nydus/The Sword of DamoclesPublic
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IX. Paula

—El niño no es tímido, pero tiene una aversión inexplicable a presentarse solo ante extraños —explicó la señorita Belinda—, pero el señor Sylvester no la oyó, pues en ese momento la puerta se reabrió y la señorita Abby entró con la joven así anunciada.

Edward Sylvester nunca olvidó aquel momento, y en verdad pocos hombres habrían podido contemplar la imagen de extraña hermosura así revelada, sin experimentar una conmoción de sorpresa igual al deleite que inspiraba.

No era bonita; la palabra misma era un error, simplemente era una de las bellezas más exquisitas e innegables de la naturaleza.

Desde la coronilla de sus cabellos de ébano hasta la planta de su delicado pie, era tan perfecta como la coloración más sutil y la más extrema armonía de contornos podían hacerla.

Y tampoco del tipo convencional. Había una individualidad en su estilo que era tan fresca como poco común.

Era a la vez única e irreprochable, algo que puede decirse de pocas mujeres por hermosas o seductoras que fueran.

El señor Sylvester no se había esperado esto, y en verdad ¿cómo iba a hacerlo?, y por un momento solo pudo contemplar con cierta opresión en el pecho la lozana hermosura que en un solo instante había transformado el estrafalario saloncito en un vergel digno de la morada de príncipes.

Pero pronto recuperó su aplomo natural y, levantándose con su reverencia más cortesana, saludó a la sonrojada muchacha con palabras de sencilla bienvenida.

Al instante, sus ojos, que hasta entonces había mantenido fijos en el suelo, se alzaron hacia su rostro y una sonrisa llena del asombro de un

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