Es su estudio secreto o refugio, una habitación en la que a nadie se le permite entrar, el misterio de la casa para los sirvientes y algo más que eso para su inquisitiva señora. Lo que hace allí nadie lo sabe, pero esta noche, si alguien hubiera tenido la curiosidad suficiente como para escuchar, no habría oído nada más siniestro que el rasgueo monótono de una pluma. Le escribía a la señorita Belinda y el contenido principal de su carta era que, en un determinado día que él nombraba, iba a venir a llevarse a Paula.
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XI. La señorita Stuyvesant
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