contarle, señor Sylvester?
Le dirigió una breve mirada, abrió los labios como si fuera a hablar, luego se apartó abruptamente y comenzó a deshojar mecánicamente las flores que tenía delante.
“Yo, por supuesto, no sé lo que los hombres quieren decir cuando hablan de tener intenciones ocultas. Pero la miradita y el disimulo que acompañan a tales pláticas tienen un lenguaje universal que todos entendemos, y sentí que debía advertirte sobre la malicia de ese hombre, si no por otra cosa, al menos porque papá te tiene en grandísima estima”.
Se encogió como si le hubieran tocado en un punto doloroso, pero hizo una reverencia y respondió a la tierna súplica de su mirada con una sombra de su habitual sonrisa; luego se dio la vuelta y, mirando hacia la puerta por la que los dos hombres habían desaparecido, hizo un movimiento como si fuera a seguirlos. Pero, recordando dónde estaba, la acompañó hasta un asiento, diciendo al hacerlo: