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nydus/The Sword of DamoclesPublic
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XIV. La señorita Belinda tiene una cuestión que decidir

Mi informante era Sarah, la mujer algo chismosa que Ona tiene a su servicio como costurera y doncella. Dijo —y había hablado antes de que pudiera impedírselo— que la forma en que la señora Sylvester se lamentaba por su luto en el momento de la muerte de la pequeña Geraldine era como para agotar la paciencia de Job. ¡Llegó incluso a decirle a la modista que, si no le hacía el vestido a su gusto, no se pondría luto en absoluto!

Tía, ¿te extraña que el señor Sylvester luzca tan amargamente sombrío cada vez que se menciona a su hijo? ¡Él lo amaba, y su propia madre podía preocuparse por el corte de un vestido mientras su afligido corazón se hacía añicos!

Confieso que jamás volveré a sentir la misma indulgencia hacia lo que consideraba las peculiaridades de una belleza de moda. Su suave piel blanca me hace temblar; jamás se ha sonrojado de dicha ante las sonrisas inocentes de su primogénito.

“El señor Sylvester es muy educado con la prima Ona y parece ceder a sus deseos en todo. Pero si yo fuera ella, creo que mi corazón se destrozaría a causa de esa misma educación. Aunque bueno, ella es de las que exigen formalidad incluso a las personas de su servicio. Nunca lo he visto agacharse para darle un beso ni la he visto a ella tan siquiera poner una mano sobre su hombro. Pero sí lo he observado atenderla en momentos en que él estaba pálido de cansancio y ella sonrosada por haber estado recostada durante el largo crepúsculo frente al fuego adormilado de su tocador”.

“Hay momentos en los que no cambiaría mis oportunidades actuales por ninguna otra que se me pudiera ofrecer. El general ⸻ comió aquí hoy, y qué visión de una gran lucha se levantó ante mí con sus pocas y sencillas palabras respecto a Gettysburg. No sabía qué admirar más, si el porte militar y la vívida conversación del gran soldado, o la soltura y la

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