terribles: «¿Morir? ¡Quizá fuera mejor que lo hicieras!», y luego recordó la espantosa mirada de inconmensurable horror con la que, pocas horas después, él se alejó tambaleándose de aquel fúnebre peso, cuyas líneas rígidas jamás volverían a fundirse en curvas burlonas, y para quien las amplias esperanzas de altos vuelos, las ambiciones elevadas y los lujos sin límites de la mañana ya no eran más que las sombras de un mundo desvanecido; la vida, el amor, el anhelo, con todas sus exigencias, reducidos a un descanso nauseabundo entre cuatro tablas apretadas, con la oscuridad por porción presente y más allá... ¿qué?
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Los posos en la taza
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