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nydus/Short FictionPublic
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El diablillo de lo perverso

del precipicio surge, tornándose palpable, una figura mucho más terrible que cualquier genio o demonio de cuento; y, sin embargo, no es más que un pensamiento, aunque temible, y uno que nos hiela hasta la médula de los huesos con la fiereza del deleite de su horror. Es meramente la idea de cuáles serían nuestras sensaciones durante la vertiginosa precipitación de una caída desde semejante altura. Y esta caída —esta aniquilación precipitada—, por la misma razón de que entraña una de las imágenes más espantosas y abyectas de cuantas se han presentado jamás a nuestra imaginación sobre la muerte y el sufrimiento, por esta misma causa es por la que ahora la deseamos con mayor viveza. Y porque nuestra razón nos aparta violentamente del borde, por eso mismo nos acercamos a él con mayor impetuosidad. No hay pasión en la naturaleza tan demoníacamente impaciente como la de aquel que, estremeciéndose al borde de un abismo, medita así arrojarse al vacío. Entregarse, ni por un momento, a cualquier intento de meditación es perderse inevitablemente; pues la reflexión no hace más que instarnos a desistir, y por eso mismo, repito,

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