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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

infinita. Era evidente que por la mañana contemplaría el astro naciente muchas horas al menos antes que los ciudadanos de Róterdam, a pesar de su situación mucho más al este, y así, día tras día, en proporción a la altura ascendida, disfrutaría de la luz del sol durante un período cada vez más prolongado. Me determiné entonces a llevar un diario de mi trayecto, contando los días de veinticuatro horas continuas, sin tomar en consideración los intervalos de oscuridad. > > “A las diez, sintiéndome adormilado, decidí acostarme por lo que restaba de noche; pero aquí se presentó una dificultad que, por obvia que parezca, había escapado a mi atención hasta el mismo momento del que ahora hablo. Si me iba a dormir como proponía, ¿cómo podía regenerarse la atmósfera de la cámara en el ínterin? Respirarla durante más de una hora, a lo sumo, sería tarea imposible, o, de poder extenderse este plazo incluso a una hora y cuarto, podrían sobrevenir las consecuencias más ruinosas. La consideración de este dilema me causó no poca inquietud; y apenas se creerá que, tras los peligros que había pasado, considerara este asunto con la gravedad suficiente como para renunciar a toda esperanza de lograr mi designio último y decidiera por fin la necesidad de un descenso. Pero esta vacilación fue solo momentánea. Reflexioné que el hombre es el más fiel esclavo de la costumbre y que muchos puntos de la rutina de su existencia se consideran de vital importancia cuando solo lo son por habérselas vuelto habituales. Era bien seguro que no podía pasar sin dormir; pero me resultaría fácil acostumbrarme a no sentir molestia alguna por ser despertado a intervalos de una hora durante todo el período de mi reposo. Me tomaría tan solo cinco minutos a lo sumo regenerar la atmósfera por completo —y la única dificultad

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