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nydus/Short FictionPublic
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William Wilson

una capa; y ninguno de los miembros de nuestro grupo había llevado ninguna puesta, a excepción de mí. Conservando cierta presencia de ánimo, tomé la que me ofreció Preston; la puse, sin ser visto, sobre la mía; salí del salón con un gesto resuelto y desafiante; y, a la mañana siguiente antes del alba, emprendí un viaje precipitado de Oxford al continente, en una perfecta agonía de horror y de vergüenza.

Huí en vano. Mi cruel destino me persiguió como exultante, demostrando, en verdad, que el ejercicio de su misterioso dominio apenas había comenzado. Apenas hube puesto el pie en París cuando tuve nuevas pruebas del detestable interés que este Wilson tomaba en mis asuntos. Los años volaban sin que yo experimentara alivio alguno. ¡Villano! —en Roma, ¡con qué prematura y a la vez con qué espectral intromisión se metió él entre mí y mi ambición! ¡En Viena también⁠—en Berlín⁠—y en Moscú! ¿Dónde, a decir verdad, no había tenido amargos motivos para maldecirlo en mi corazón? De su inescrutable tiranía huí por fin, aterrorizado, como de una peste; y hasta los confines de la tierra huí en vano.

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