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nydus/Short FictionPublic
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Un cuento de Jerusalén

enemigo desde una altura que superaba en muchos pies la de la pirámide de Keops, y en varios la del templo de Belo.

«En verdad», suspiró el fariseo mientras oteaba con vértigo el precipicio, «los incircuncisos son como las arenas a la orilla del mar⁠—¡como las langostas en el desierto! El valle del Rey se ha convertido en el valle de Adomín».

—Y sin embargo —añadió Ben-Levy—, no sabes señalarme a un solo filisteo —ni a uno solo—, desde la Álef hasta la Tau, desde el desierto hasta las almenas, ¡que parezca más grande que la letra Yod!

—¡Bajad la cesta con los siclos de plata! —gritó aquí un soldado romano con voz ronca y áspera, que parecía brotar de los dominios de Plutón—; ¡bajad la cesta con la moneda maldita que le ha roto la mandíbula a un noble romano al pronunciarla! ¿Es así como demostráis vuestra gratitud a nuestro amo Pompeyo, quien, en su condescendencia, ha tenido a bien escuchar vuestras idólatras súplicas? El dios Febo, que es un dios verdadero, lleva una hora en su carro, ¿y no ibais a estar en las murallas a la salida del sol? Aedepol! ¿Creéis que nosotros, los conquistadores del mundo, no tenemos nada mejor que hacer que estar esperando junto a los muros de cualquier perrera para comerciar con los perros de la tierra? ¡Bajadla, digo!, ¡y procurad que vuestra baratija sea de color brillante y de peso exacto!

“¡El Elohim!”, exclamó el fariseo, mientras los discordantes tonos del centurión repiqueteaban por los riscos del precipicio y se apagaban contra el templo⁠—“¡El Elohim!⁠— ¿Quién es el dios Febo?⁠— ¿A quién invoca el blasfemo? ¡Tú, Buzi-Ben-Levi!, que estás versado en las leyes de los gentiles, y has morado entre aquellos que trastean con los Terafim⁠— ¿Es acaso Nergal de quien habla el idólatra?⁠— ¿o Asimá?⁠— ¿o Nibhaz?⁠— ¿o Tartak?⁠— ¿o Adramelec?⁠— ¿o Anamelec?⁠— ¿o Sucot-Benit?⁠— ¿o Dagón?⁠— ¿o Belial?⁠— ¿o Baal-Berit?⁠— ¿o Baal-Peor?⁠— ¿o Baal-Zebub?”.

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