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nydus/Short FictionPublic
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La carta robada

de la mesa. Este último lo examinó con atención y lo guardó en su cartera; luego, abriendo con llave un bufete, sacó de allí una carta y se la entregó al Prefecto. Este funcionario la asió con una perfecta agonía de júbilo, la abrió con mano temblorosa, echó una rápida ojeada a su contenido y, después, forcejeando y tropezando hacia la puerta, salió por fin sin ceremonias de la habitación y de la casa, sin haber pronunciado una sola sílaba desde que Dupin le había pedido que extendiera el cheque.

Cuando se hubo ido, mi amigo dio algunas explicaciones.

«La policía parisina —dijo— es sumamente capaz a su manera. Es perseverante, ingeniosa, astuta y está perfectamente versada en los conocimientos que sus funciones parecen exigir principalmente. Así, cuando G⁠⸺ nos detalló su método de registrar las dependencias en el Hotel D⁠⸺, sentí absoluta confianza en que había llevado a cabo una investigación satisfactoria, en la medida en que sus labores se extendían».

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