me convertí en un hombre destacado en la «Bolsa». La verdad es que nunca incursioné en asuntos ostentosos, sino que seguí adelante con la buena y sobria rutina de siempre de mi profesión; una profesión en la que, sin duda, habría permanecido hasta el día de hoy, de no ser por un pequeño accidente que me ocurrió durante la ejecución de una de las habituales operaciones mercantiles de dicho oficio.
Siempre que un viejo avaro y rico, o un heredero pródigo, o una corporación en bancarrota se le mete en la cabeza levantar un palacio, no hay fuerza en el mundo capaz de detener a ninguno de ellos, y esto lo sabe cualquier persona inteligente. El hecho en cuestión es en verdad la base del negocio de las Pupas en el Ojo. Tan pronto, por lo tanto, como uno de estos partidos pone en marcha un proyecto de construcción, nosotros, los mercaderes, nos aseguramos una bonita esquina del lote en proyecto, o una pequeña e inmejorable situación justo al lado, o