en gran parte de su malestar, se dio entonces un buen banquete con el ave muerta y se echó a dormir con aparente satisfacción. Sus gatitos estaban bastante vivaces y hasta el momento no mostraban la más mínima señal de malestar alguno. > > “A las ocho y cuarto, viéndome ya incapaz de respirar sin un dolor intolerable, procedí de inmediato a ajustar alrededor de la barquilla el aparato perteneciente al condensador. Este aparato requerirá cierta explicación, y Vuestras Excelencias se servirán tener presente que mi objeto, en primer lugar, era rodearme por completo a mí y al gato de un barricón contra la atmósfera sumamente enrarecida en la que me hallaba, con la intención de introducir dentro de este barricón, por medio de mi condensador, una cantidad de esta misma atmósfera suficientemente condensada para los fines de la respiración. Con este fin en mente, había preparado una bolsa de goma elástica muy resistente, perfectamente estanca, pero flexible. En esta bolsa, que era de dimensiones suficientes, quedó colocada la barquilla entera en cierto modo. Es decir, la bolsa se estiró por todo el fondo de la barquilla, subiendo por sus laterales y así, a lo largo del exterior de las cuerdas, hasta el borde o aro superior donde se sujeta la red. Habiendo estirado la bolsa de esta forma y formado un recinto completo por todos los lados y por el fondo, era menester ahora asegurar su parte superior o boca haciendo pasar su material por encima del aro de la red —o sea, entre la red y el aro—. Pero si la red se separaba del aro para permitir este paso, ¿qué sostendría entre tanto a la barquilla? Ahora bien, la red no estaba sujeta de manera permanente al aro, sino acoplada mediante una serie de presillas o nudos corredizos. Deshice por tanto solo unas pocas de estas presillas
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall
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