CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Page 174 of 1178
Table of Contents

La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

y enfilé mis pasos hacia casa. Pero el tratado (junto con un descubrimiento neumático que me había comunicado recientemente como un secreto importante un primo de Nantes) había impreso una huella indeleble en mi mente y, mientras callejeaba por las vías oscuras, repasaba con cuidado en la memoria los razonamientos descabellados y a veces ininteligibles del autor. Hay ciertos pasajes particulares que afectaron mi imaginación de un modo poderoso y extraordinario. Cuanto más meditaba en ellos, más intenso se hacía el interés que habían despertado en mí. La naturaleza limitada de mi educación en general, y más especialmente mi ignorancia en materias relacionadas con la filosofía natural, lejos de hacerme desconfiar de mi propia capacidad para comprender lo leído, o de inducirme a recelar de las muchas nociones vagas que surgieron a consecuencia de ello, sirvieron meramente como un estímulo adicional para mi imaginación; y fui lo bastante vanidoso, o quizás lo bastante razonable, como para dudar de si aquellas ideas rudimentarias que, al surgir en mentes desordenadas, tienen toda la apariencia, no poseerán a menudo en la práctica toda la fuerza, la realidad y otras propiedades inherentes del instinto o la intuición. > > “Era tarde cuando llegué a casa y me fui inmediatamente a la cama. Mi mente, sin embargo, estaba demasiado ocupada para dormir y pasé la noche entera sumido en la meditación. Al levantarme temprano por la mañana, y apañándome de nuevo para burlar la vigilancia de mis acreedores, me dirigí con ardor al puesto del librero e invertí el poco dinero en efectivo que poseía en la compra de unos cuantos volúmenes de Mecánica y Astronomía Práctica. Habiendo llegado a casa sano y salvo con ellos, dediqué cada momento libre a

174