CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Short FictionPublic
Page 227 of 1178
Table of Contents

La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

su pipa al suelo presa de la más extrema sorpresa, y Mynheer Superbus Von Underduk, tras quitarse las gafas, limpiarlas y guardarlas en el bolsillo, se olvidó tanto de sí mismo como de su dignidad hasta el punto de dar tres vueltas sobre sus talones en la quintaesencia del asombro y la admiración. No cabía la menor duda al respecto: el indulto sería concedido. Al menos así lo juró, con rotundo juramento, el profesor Rubadub, y así lo pensó finalmente el ilustre Von Underduk, mientras tomaba del brazo a su colega en la ciencia y, sin decir una sola palabra, se apresuraba a regresar a casa para deliberar sobre las medidas que debían adoptarse.

Al llegar, sin embargo, a la puerta de la residencia del burgomaestre, el profesor se aventuró a sugerir que, dado que el mensajero había tenido a bien desaparecer —sin duda muerto de miedo por el aspecto salvaje de los burgueses de Róterdam—, el indulto serviría de bien poco, ya que nadie que no fuera un hombre de la luna emprendería un viaje a tan inmensa distancia.

A la verdad de esta observación asintió el burgomaestre, y el asunto quedó por lo tanto zanjado.

227