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nydus/Short FictionPublic
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Silencio

árboles seculares se mecen eternamente de aquí para allá con un estruendo poderoso. Y de sus altas cumbres, uno a uno, caen rocíos eternos. Y a los pies, extrañas flores venenosas yace retorciéndose en un sueño turbado. Y por encima, con un ruido fuerte y rumoroso, las nubes grises corren hacia el oeste por siempre, hasta desplomarse, convertidas en catarata, sobre la muralla de fuego del horizonte. Mas no hay viento en todo el cielo. Y a las orillas del río Zaire no hay quietud ni silencio.

“Era de noche, y la lluvia caía; y al caer, era lluvia, pero, habiendo caído, era sangre. Y yo me hallaba en el cenagal entre las altas y la lluvia caía sobre mi cabeza⁠—y los lirios suspiraban los unos hacia los otros en la solemnidad de su desolación.

“Y, de pronto, la luna se alzó a través de la delgada y cadavérica bruma, y era de color carmesí. Y mis ojos se posaron en una enorme roca gris que se alzaba junto a la orilla del río, iluminada por la luz de la luna. Y la roca era gris, y cadavérica, y alta⁠—y la roca era gris. Sobre su frente había caracteres grabados en la piedra; y caminé por el cenagal de nenúfares, hasta llegar muy cerca de la orilla, para poder leer los caracteres sobre la piedra. Mas no pude descifrarlos. Y ya iba a regresar al cenagal, cuando la luna brilló con un rojo más pleno, y me volví a mirar de nuevo la roca y los caracteres; y los caracteres eran desolación”.

“Y miré hacia arriba, y allí de pie sobre la cumbre de la roca había un hombre; y me escondí entre los nenúfares para poder descubrir las acciones del hombre. Y el hombre era alto y de formas majestuosas, y estaba envuelto desde los hombros hasta los pies en la toga de la antigua Roma. Y los contornos de su figura eran confusos, pero sus facciones eran las facciones de una divinidad; porque el manto de la noche, y de la bruma, y de la luna, y del rocío, había dejado descubiertas las facciones de su rostro. Y su frente era altiva de pensamiento, y su ojo salvaje de inquietud; y, en las pocas arrugas de su mejilla leí las fábulas del pesar, y del cansancio, y del hastío de la humanidad, y de un anhelo de soledad.

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