Ellison no llegó a ser ni músico ni poeta; aunque ningún hombre vivió más profundamente enamorado de la música y de la poesía. Dadas otras circunstancias que aquellas que lo rodearon, no es imposible que se hubiera convertido en pintor. La escultura, aunque en su naturaleza rigurosamente poética, era demasiado limitada en su alcance y consecuencias como para haber ocupado, en ningún momento, gran parte de su atención. Y he mencionado ya todas las provincias en las que el entendimiento común del sentimiento poético ha declarado que este es capaz de explayarse. Pero Ellison sostenía que la más rica, la más verdadera y la más natural, si bien no del todo la más extensa de las provincias, había sido inexplicablemente descuidada. Ninguna definición había hablado del jardinero paisajista como de un poeta; sin embargo, le parecía a mi amigo que la creación del jardín paisajista ofrecía a la Musa adecuada la más magnífica de las oportunidades. He aquí, en verdad, el más bello campo para el despliegue de la imaginación en la combinación interminable de formas de novedosa belleza; siendo los elementos destinados a combinarse, por una vasta superioridad, los más gloriosos que la tierra podía brindar. En la multiforme variedad y los múltiples colores de las flores y los árboles, reconocía los esfuerzos más directos y enérgicos de la Naturaleza en pos de la hermosura física. Y en la dirección o concentración de este esfuerzo —o, más propiamente, en su adaptación a los ojos que habían de contemplarlo en la tierra—, percibía que estaría empleando los mejores medios —trabajando con el mayor provecho— en el cumplimiento, no solo de su propio destino como poeta, sino de los augustos propósitos para los cuales la Divinidad había implantado el sentimiento poético en el hombre.
“Su adaptación a los ojos que habían de contemplarlo en la tierra”. En su explicación de esta fraseología, Mr. Ellison hizo mucho por resolver lo que siempre me ha parecido un enigma: me refiero al hecho (que solo los ignorantes discuten) de que en la naturaleza no existe tal combinación de paisajes como la que el pintor genio puede producir. En la realidad no se hallan paraísos como los que han brillado en el lienzo de Claudio. En el