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nydus/Short FictionPublic
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Falta de aliento

similar por parte de Demóstenes, sino por un designio peculiar y conscientemente mío. Así armado por completo, determiné hacer creer a mi esposa que de repente me había asaltado una pasión por los escenarios. En esto tuve un éxito milagroso; y ante cada pregunta o sugerencia me vi en libertad de responder con mis tonos más sepulcrales y propios de una rana mediante algún pasaje de la tragedia⁠—cuya porción cualquiera, según pronto sentí gran placer en observar, se aplicaría igualmente bien a cualquier tema en particular. No ha de suponerse, sin embargo, que en la declamación de tales pasajes me faltara en absoluto el mirar de soslayo⁠—el mostrar los dientes⁠—el mover las rodillas⁠—el arrastrar los pies⁠—ni ninguna de esas gracias innombrables que hoy se consideran con justicia las características de un actor popular. Por supuesto que hablaron de encerrarme en una camisa de fuerza⁠—pero, ¡santo Dios! jamás sospecharon que me hubiera quedado sin aliento.

Habiendo puesto por fin mis asuntos en orden, tomé asiento muy temprano una mañana en el coche correo con destino a ⸻, dando a entender a mis conocidos que un negocio de la más alta importancia exigía mi inmediata presencia personal en dicha ciudad.

El carruaje iba lleno hasta los topes; pero en la penumbra incierta no se distinguían los rasgos de mis compañeros.

Sin ofrecer resistencia eficaz, me dejé colocar entre dos caballeros de dimensiones colosales; mientras un tercero, de mayor volumen todavía, pidiendo perdón por la libertad que iba a tomar, se echó sobre mi cuerpo a todo lo largo y, quedándose dormido al instante, ahogó mis guturales exclamaciones de auxilio en un ronquido que habría hecho enrojecer los bramidos del toro de Falaris.

Por fortuna, el estado de mis facultades respiratorias hacía de la asfixia un accidente totalmente improbable.

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