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nydus/Short FictionPublic
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El Ángel de lo Insólito

—¿Quién es usteh —preguntó—, y qué diantres hace ahí?

A esta muestra de desvergüenza, crueldad y afectación, solo pude replicar exclamando el monosílabo «¡Socorro!».

“¡Ayuda!”⁠—hizo eco el rufián⁠—; “¡yo no! ¡Ahí está el frasco⁠—ayúdate tú, y que te pueblen!”

Con estas palabras dejó caer una pesada botella de Kirschenwasser que, cayendo precisamente sobre la coronilla de mi cabeza, me hizo imaginar que mis sesos habían quedado completamente destrozados. Imbuido de esta idea, estaba a punto de soltar mi agarre y entregar el alma con dignidad, cuando me detuvo el grito del Ángel, que me ordenó que resistiera.

—¡Espera! —dijo—; no tengas prisas, no. ¿Vas a tomar la otra botella, o ya te has desebriado y has entrado en razón?

Me apresuré, a continuación, a mover la cabeza dos veces —una en sentido negativo, dando a entender con ello que preferiría no tomar la otra botella por el momento—, y otra en sentido afirmativo, pretendiendo significar así que estaba sobrio y había vuelto positivamente en mí. Por estos medios suavicé un tanto al Ángel.

“¿Y ustet cree, entonzes —preguntó—, en el últhimo momento? ¿Cree, entonzes, en la posibilidat de lo imprevisto?”

Volví aasentir con la cabeza.

“¿Y tiénes fé en mí, el Ángel de lo Raro?”

Asentí de nuevo.

“¿Y usted reconoce que estaba completamente ciego de borracho y que es un imbécil?”

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