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nydus/Short FictionPublic
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La conversación de Eiros y Charmion

El pueblo ahora, desestimando cualquier esperanza persistente de que los astrónomos estuvieran equivocados, experimentó toda la certeza del mal. El aspecto quimérico de su terror había desaparecido. Los corazones de los más valientes de nuestra raza latían violentamente en sus pechos. Bastaron, sin embargo, muy pocos días para fundir aun tales sentimientos en sensaciones más insoportables. Ya no podíamos aplicar al extraño orbe ningún pensamiento habitual. Sus atributos históricos habían desaparecido. Nos oprimía con una espantosa novedad de emoción. No lo veíamos como un fenómeno astronómico en los cielos, sino como un íncubo sobre nuestros corazones y una sombra sobre nuestros cerebros. Había adquirido, con inconcebible rapidez, el carácter de un gigantesco manto de fuego raro, que se extendía de horizonte a horizonte.

Aún pasó un día, y los hombres respiraban con mayor libertad. Era evidente que ya nos hallábamos bajo la influencia del cometa; sin embargo, vivíamos.

Sentimos incluso una inusual elasticidad corporal y vivacidad mental. La extrema tenuidad del objeto de nuestro terror era evidente, pues todos los astros se veían claramente a través de él.

Entre tanto, nuestra vegetación se había alterado de manera perceptible; y esta circunstancia predicha nos hizo cobrar fe en la clarividencia de los sabios. Una frondosidad silvestre, totalmente desconocida hasta entonces, brotó en cada ser vegetal.

Aún otro día, y el mal no había caído del todo sobre nosotros. Ya era evidente que su núcleo nos alcanzaría primero. Un cambio salvaje se había apoderado de todos los hombres; y la primera sensación de dolor fue la señal desaforada para la lamentación general y el horror. Esta primera sensación de dolor residía en una rigurosa constricción del pecho y los pulmones, y en una insoportable sequedad de la piel. No se podía

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