El padre de Edgar, hijo del general David Poe, patriota de la Revolución americana y amigo de La Fayette, se había casado con la señora Hopkins, una actriz inglesa; y, como el enlace no contara con la aprobación de los padres, él mismo abrazó la interpretación como profesión.
A pesar de la belleza y el talento de la señora Poe, el joven matrimonio libró una penosa lucha por la existencia.
Cuando Edgar, a la edad de dos años, quedó huérfano, la familia se encontraba en la más absoluta indigencia. Aparentemente, el futuro poeta iba a ser arrojado al mundo sin hogar ni amigos.
Pero el destino dispuso que unos pocos destellos de sol iluminaran su vida, pues el pequeño fue adoptado por John Allan, un adinerado comerciante de Richmond, Virginia. De un hermano y una hermana, los hijos restantes, se hicieron cargo otras personas.
En su nuevo hogar, Edgar encontró todo el lujo y las ventajas que el dinero podía proporcionar. Fue agasajado, malcriado y presumido ante los extraños. En la señora Allan halló todo el afecto que una esposa sin hijos podía brindar. El señor Allan sentía mucho orgullo por aquel muchacho cautivador y precoz. A la edad de cinco años, el niño recitaba con gran acierto fragmentos de poesía inglesa ante los visitantes de la casa de los Allan.
Desde los ocho hasta los trece años asistió a la escuela Manor House, en Stoke-Newington, un suburbio de Londres. Fue el reverendo Dr. Bransby, director de la escuela, a quien Poe retrató tan singularmente en «William Wilson».
De regreso en Richmond en 1820, Edgar fue enviado a la escuela del profesor Joseph H. Clarke. Demostró ser un alumno aventajado. Años más tarde, el profesor Clarke escribió lo siguiente: