no lo oyesen? ¡Dios Todopoderoso!—¡no, no! ¡Lo oían!—¡lo sospechaban!—¡lo sabían!—¡se estaban burlando de mi horror!—esto pensé y esto pienso. ¡Pero cualquier cosa era mejor que esta agonía! ¡Cualquier cosa era más tolerable que esta burla! ¡No soportaba por más tiempo aquellas sonrisas hipócritas! ¡Sentí que debía gritar o morir! ¡Y ahora—otra vez!—¡escuchad! ¡más fuerte! ¡más fuerte! ¡más fuerte! ¡más fuerte!—
«¡Villanos! —chillué—, ¡no disimulen más! ¡Admito el hecho! —¡arranquen las tablas!—, ¡aquí, aquí! ¡Es el latido de su horrible corazón!⟩