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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

o promedio entre los centros de ambos planetas es de 59,9643 radios ecuatoriales de la tierra, o lo que es lo mismo, unas 237 000 millas. Digo el intervalo medio o promedio; pero debe tenerse en cuenta que, dado que la forma de la órbita de la luna es una elipse cuya excentricidad asciende ni más ni menos que a 0,05484 del semieje mayor de la elipse misma, y estando el centro de la tierra situado en su foco, si pudiera apañármelas de algún modo para salirle al encuentro a la luna, por decirlo así, en su perigeo, la distancia mencionada se vería reducida de manera sustancial. Mas, por dejar a un lado por ahora esta posibilidad, era bien seguro que, a fin de cuentas, a las 237 000 millas tendría que restarle el radio de la tierra, digamos 4000, y el radio de la luna, digamos 1080; en total 5080, lo que deja un intervalo real que atravesar, en circunstancias normales, de 231 920 millas. Ahora bien, reflexioné, esta no era una distancia de lo más extraordinaria. Los viajes por tierra se han realizado repetidas veces a razón de sesenta millas por hora; y de hecho cabe prever una velocidad mucho mayor. Pero aun a esta velocidad, no me tomaría más de 161 días alcanzar la superficie de la luna. Había, sin embargo, muchos detalles que me inducían a creer que mi velocidad media de viaje podría quizás superar con creces la de sesenta millas por hora y, como estas consideraciones no dejaron de causar profunda impresión en mi ánimo, las expondré con más detalle más adelante. > > “El siguiente punto que debía tenerse en cuenta era de mucha mayor importancia. A partir de las indicaciones proporcionadas por el barómetro, constatamos que, en las ascensiones desde la superficie terrestre, hemos dejado atrás a la altura de 1000 pies aproximadamente una treintava parte de

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