Este comentario del «viejo Charley» también surtió gran efecto entre la multitud; y a uno de los presentes se le oyó preguntar, con mucha fuerza, «cómo era que el joven señor Pennifeather estaba tan íntimamente al tanto de todas las circunstancias relacionadas con la desaparición de su adinerado tío como para sentirse autorizado a afirmar, neta e inequívocamente, que su tío era "un hombre asesinado"». A raíz de esto se produjeron algunas pequeñas pullas y disputas entre varios miembros de la muchedumbre, y en especial entre el «viejo Charley» y el señor Pennifeather—aunque esto último no constituía en verdad ninguna novedad, pues apenas había existido buena voluntad entre ambos bandos durante los últimos tres o cuatro meses; y las cosas habían llegado a tal extremo que el señor Pennifeather de hecho había derribado al amigo de su tío debido a un supuesto exceso de confianza que este último se había tomado en la casa del tío, de la cual el sobrino era huésped. En aquella ocasión se dice que el «viejo Charley» se comportó con ejemplar moderación y caridad cristiana. Se levantó tras el golpe, se arregló las ropas y no intentó en absoluto tomar represalias—limitándose a mascullar unas pocas palabras acerca de «tomar venganza sumaria a la primera oportunidad conveniente»,—una natural y muy justificada efusión de ira que, sin embargo, no significaba nada y que, indudablemente, tan pronto como fue exteriorizada quedó en el olvido.
Sean cuales fueren estos asuntos (los cuales no guardan relación con el punto que ahora se debate), es muy cierto que los habitantes de Rattleborough, principalmente por persuasión del señor Pennifeather, llegaron por fin a la determinación de dispersarse por la comarca adyacente en busca del desaparecido señor Shuttleworthy. Digo que llegaron a esta determinación en un principio. Una vez resuelto por completo que debía hacerse una búsqueda, se consideró casi natural que los buscadores se dispersaran —es decir, que se distribuyeran en partidas—