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nydus/Short FictionPublic
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El duque de l’Omelette

Su Gracia era todo cuidado, toda atención; su Majestad, toda confianza. Un espectador habría pensado en Francisco y Carlos. Su Gracia pensaba en su partida. Su Majestad no pensaba; barajaba. El duque cortó.

Se repartieron las cartas. El triunfo está sobre la mesa, es —es— ¡el rey! No—era la reina. Su Majestad maldijo sus masculinos arreos. De L’Omelette se llevó la mano al corazón.

Ellos juegan. El Duque cuenta. La mano está servida. Su Majestad cuenta con pesadez, sonríe y está tomando vino. El Duque desliza una carta.

“C’est à vous à faire,” dijo su Majestad, cortando. Su Gracia hizo una reverencia, repartió y se levantó de la mesa en presentant le Roi.

Su Majestad parecía contrariado.

De no haber sido Alejandro, habría sido Diógenes; y el duque aseguró a su antagonista al despedirse: «que s’il n’eût été De L’Omelette il n’aurait point d’objection d’être le Diable».

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