medio pudiera posiblemente ignorar cualquier inconveniente inherente a su inhalación, mientras que al trasladarse a los estratos más densos cerca de la tierra, tal vez soportara torturas de naturaleza similar a las que yo acababa de experimentar. Ha sido para mí motivo de profundo pesar desde entonces que un torpe accidente me hiciera perder por entonces a mi pequeña familia de gatos y me privara de la comprensión de este asunto que un experimento continuado me habría brindado. Al pasar la mano por la válvula con una taza de agua para la vieja minina, las mangas de mi camisa se enredaron en la presilla que sostenía la cesta, desprendiéndola así en un instante del fondo. De haberse desvanecido la cesta en el aire por completo, no habría podido dispararse de mi vista de una manera más brusca e instantánea. Con toda seguridad, no debió de mediar ni la décima parte de un segundo entre el desprendimiento de la cesta y su desaparición absoluta y total con todo lo que contenía. Mis buenos deseos la acompañaron hacia la tierra, pero por supuesto no albergué la esperanza de que ni el gato ni los gatitos vivieran jamás para contar la historia de su desgracia. > > “A las seis percibí que gran parte de la superficie visible de la tierra hacia el este se hallaba envuelta en una densa sombra, que continuó avanzando con gran rapidez hasta que, a las siete menos cinco, toda la superficie a la vista quedó envuelta en la oscuridad de la noche. No fue, sin embargo, hasta mucho después de esta hora cuando los rayos del sol poniente cesaron de iluminar el globo; y esta circunstancia, aunque plenamente anticipada por supuesto, no dejó de proporcionarme una alegría
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall
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