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nydus/Short FictionPublic
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Revelación mesmérica

innecesaria demostración; hoy. Mi propósito actual es, en verdad, muy diferente. Me siento impulsado, aun a despecho de un mundo de prejuicios, a detallar sin comentarios la muy notable sustancia de un coloquio acontecido entre un sonámbulo y yo mismo.

Hace mucho que tenía la costumbre de magnetizar al sujeto en cuestión (el señor Vankirk), y se había manifestado la habitual agudeza, susceptibilidad y exaltación de la percepción mesmérica. Durante muchos meses había estado padeciendo una tisis confirmada, cuyos efectos más angustiosos se habían visto mitigados por mis manipulaciones; y en la noche del miércoles quince del presente mes, fui llamado a su lecho de enfermo.

El enfermo sufría un dolor agudo en la región del corazón y respiraba con gran dificultad, presentando todos los síntomas ordinarios del asma. En espasmos como aquel solía encontrar alivio mediante la aplicación de mostaza en los centros nerviosos, pero esta noche se había intentado en vano.

Al entrar en su habitación me saludó con una alegre sonrisa y, aunque evidentemente sufría muchos dolores físicos, parecía estar, mentalmente, bastante tranquilo.

—La mandé llamar esta noche —dijo—, no tanto para atender a mi dolencia corporal, como para disipar ciertas impresiones psíquicas que, últimamente, me han causado gran ansiedad y asombro. No necesito decirle cuán escéptico he sido hasta ahora en lo tocante a la inmortalidad del alma. No puedo negar que siempre ha existido, como si fuera en esa misma alma que he estado negando, un vago y tibio sentimiento de su propia existencia. Pero este sentimiento tibio nunca llegó a convertirse en convicción. Mi razón no tuvo nada que ver con él. Todos los intentos de investigación lógica dieron como resultado, en verdad, dejarme más escéptico que antes. Me habían aconsejado estudiar a Cousin. Lo estudié

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