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nydus/Short FictionPublic
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El diablillo de lo perverso

no podemos hacerlo. Si no hay un brazo amigo que nos detenga, o si fracasamos en un esfuerzo repentino por postrarnos hacia atrás alejándonos del abismo, nos precipitamos y somos destruidos.

Examinemos estas acciones similares como queramos, veremos que surgen únicamente del espíritu de la Perversidad. Las perpetramos porque sentimos que no deberíamos hacerlo. Más allá o detrás de esto no hay ningún principio inteligible; y podríamos, en verdad, considerar esta perversidad como una instigación directa del Archidemonio, de no ser porque en ocasiones se sabe que actúa en pro del bien.

He dicho cuanto antecede para poder responder en cierta medida a vuestra pregunta, para explicaros por qué estoy aquí, para aducir algo que posea al menos la débil apariencia de una causa respecto a mi uso de estas cadenas y a mi condición de inquilino en esta celda de los condenados.

De no haberme explayado de este modo, o bien me habríais malinterpretado por completo, o bien, junto con la chusma, me habríais tomado por loco. Tal como están las cosas, comprenderéis fácilmente que soy una más de las innumerables víctimas del Demonio de la Perversidad.

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