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nydus/Short FictionPublic
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The Domain of Arnheim

—Por lo que ya he observado —dijo Ellison—, comprenderá usted que rechazo la idea, aquí expresada, de restaurar la belleza original del país. La belleza original nunca es tan grande como la que puede introducirse. Por supuesto, todo depende de la selección de un paraje con potencialidades. Lo que se dice acerca de descubrir y llevar a la práctica sutiles relaciones de tamaño, proporción y color, es una de esas meras vaguedades del discurso que sirven para velar la imprecisión del pensamiento. La frase citada puede significar cualquier cosa, o nada, y no guía en absoluto. Que el verdadero resultado del estilo natural de jardinería se advierte más bien en la ausencia de todos los defectos e incongruencias que en la creación de ninguna maravilla o milagro especiales, es una proposición más adecuada para la rastrera comprensión del vulgo que para los fervientes sueños del hombre de genio. El mérito negativo sugerido corresponde a esa coja crítica que, en las letras, elevaría a Addison a la categoría de apoteosis. A decir verdad, mientras que aquella virtud que consiste en la mera evitación del vicio apela directamente al entendimiento, y puede así circunscribirse a una regla, la virtud más sublime, que arde en la creación, solo puede comprenderse en sus resultados. La regla se aplica tan solo a los méritos de la denegación⁠—a las excelencias que se abstienen. Más allá de esto, el arte crítico solo puede sugerir. Se nos puede instruir para construir un «Cato», pero en vano se nos dice cómo concebir un Partenón o un «Infierno». Una vez hecho el objeto, sin embargo; consumada la maravilla; la capacidad de comprensión se vuelve universal. Los sofistas de la escuela

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