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nydus/Short FictionPublic
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La vida de Edgar Allan Poe

Los primeros poemas de Shakespeare, aunque rebosantes de vigor, juventud y pintoresquismo, apenas ofrecen una muy débil promesa de la franqueza, condensación y desbordante moraleja de sus obras maduras. Tal vez, sin embargo, Shakespeare no sea un ejemplo pertinente, ya que su «Venus y Adonis» fue publicado, según creemos, en su vigesimosexto año. Los versos latinos de Milton muestran ternura, una fina sensibilidad hacia la naturaleza y una delicada apreciación de los modelos clásicos, pero no dan indicios del autor de un nuevo estilo en la poesía. Las piezas juveniles de Pope tienen todo ese tono monótono y cantarino, carente por completo de la reluciente malignidad y la elocuente irreligión de sus producciones posteriores. El inmaduro e insulso estilo de Collins murió sin dar señales del vigoroso y original genio que desplegó más tarde.

Nunca hemos pensado que el mundo perdiera en el «muchacho maravilloso», Chatterton, nada más que a un ingeniosísimo imitador de la oscuridad y la pesadez anticuadas.

Donde se vuelve original (como suele decirse), el interés del ingenio cesa y se vuelve estúpido.

Las promesas de Kirke White fueron abaladas por el respetable nombre del señor Southey, pero seguramente sin la venia de Apolo. Poseen el mérito de una piedad tradicional que, a nuestro juicio, de haber llegado a expresarse, habría resultado menos objetivable en el retiro íntimo de un diario y con el sobrio atavío de la prosa.

No se aferran a la memoria con la pertinacia ahogada de Watts; tampoco poseen el interés de su ocasional y afortunada belleza sencilla.

Burns, habiendo sido afortunadamente rescatado por su humilde condición de la sociedad contaminante de los «mejores modelos»,

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