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nydus/Short FictionPublic
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La muerte de Edgar Allan Poe

cualidad con mucha fuerza. En una de las notas escritas descuidadamente de las que por casualidad aún conservamos posesión, por ejemplo, habla de «El cuervo» —ese extraordinario poema que electrizó al mundo de los lectores imaginativos y se ha convertido en el arquetipo de una escuela poética propia— y, con evidente sinceridad, atribuye su éxito a las pocas palabras de elogio con las que lo habíamos precedido en este periódico. Para arrojar luz sobre su carácter sensato, ofreceremos una copia literal de la nota:

“Mi querido Willis: —El poema que adjunto, y que tengo la vanidad de esperar que le guste en algunos aspectos, acaba de ser publicado en un periódico para el que la pura necesidad me obliga a escribir de vez en como. Paga bien tal como están las cosas, pero sin duda debería pagar diez veces más; pues todo lo que le envío siento que lo estoy consignando a la tumba de los Capuleto. Los versos que acompañan a esto, ¿puedo rogarle que los saque de la tumba y los traiga a la luz en el Home Journal? Si puede hacerme el favor de copiarlos, no creo que sea necesario decir «Del ⸻», eso sería demasiado malo; y tal vez «De un reciente periódico ⸻» serviría.

“No he olvidado cómo una «buena palabra a tiempo» de parte suya hizo a «El cuervo» y a «Ulalume» (a la que, a propósito, la gente me ha hecho el honor de atribuírsela a usted), por lo tanto, le pediría (si me atreviera) que diga algo sobre estos versos si le agradan.

En doble prueba de su sincera disposición de hacer lo mejor para sí mismo, y de la naturaleza confiada y agradecida que se le ha negado, damos otra de las únicas tres notas suyas que por casualidad conservamos:

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