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nydus/Short FictionPublic
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El coloquio de Monos y Una

Así, con el tiempo, amar se volvió doloroso. El odio habría sido entonces una clemencia.

¡No hables aquí de estas penas, querida Una; ¡mías, mías, para siempre ya!

Pero el recuerdo de la cuita pasada... ¿no es acaso gozo presente? Aún tengo mucho que decir de las cosas que han sido. Sobre todo, me arde el deseo de conocer los incidentes de tu propio paso por el oscuro Valle y su Sombra.

¿Y cuándo pidió la radiante Una algo a su Monos en vano?

Seré minucioso al relatarlo todo, pero ¿por dónde ha de empezar el extraño relato?

¿En qué punto?

Has dicho.

Monos, te comprendo. En la Muerte ambos hemos aprendido la propensión del hombre a definir lo indefinible. No diré, pues, que comiences con el momento del cese de la vida, sino que comiences con ese instante triste, tristísimo en que, habiéndote abandonado la fiebre, te hundiste en un sopor exánime e inmóvil, y yo te bajé los pálidos párpados con los dedos apasionados del amor.

Una palabra primero, mi Una, respecto a la condición general del hombre en esta época. Recordarás que uno o dos de los sabios entre nuestros antepasados —sabios en verdad, aunque no en la estimación del mundo— se habían atrevido a dudar de la propiedad del término «mejora», aplicado al progreso de nuestra civilización. Hubo períodos en cada uno de los cinco o seis siglos inmediatamente anteriores a nuestra disolución, en los que surgía algún intelecto vigoroso, que defendía audazmente aquellos principios cuya verdad hoy parece, a nuestra razón

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