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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

mi corbata. Tuve que descansar varias veces antes de poder culminar esta maniobra, pero al fin quedó lograda. A un extremo de la corbata aseguré con firmeza la hebilla, y el otro extremo lo ata bien prieto alrededor de mi muñeca, para mayor seguridad. Tirando ahora de mi cuerpo hacia arriba, con un prodigioso despliegue de fuerza muscular, logré, al primer intento, lanzar la hebilla por encima de la barquilla y engancharla, tal como había previsto, en el reborde circular del trenzado de mimbre. > > “Mi cuerpo se inclinaba ahora hacia el lateral de la barquilla, formando un ángulo de unos cuarenta y cinco grados; pero no debe entenderse por ello que me hallaba a solo cuarenta y cinco grados por debajo de la perpendicular. Ni mucho menos: seguía yaciendo casi al nivel del plano del horizonte, pues el cambio de situación que había logrado había forzado el fondo de la barquilla considerablemente hacia afuera respecto a mi posición, la cual era, por consiguiente, de un peligro inminente. Debe recordarse, empero, que cuando caí por primera vez de la barquilla, de haber caído con el rostro vuelto hacia el globo, en vez de hacia afuera del mismo, como de hecho ocurrió; o si, en segundo lugar, el cordón por el que pendía hubiera colgado por casualidad del borde superior, en vez de hacerlo por una rendija cerca del fondo de la barquilla —digo que cabe concebir fácilmente que, en cualquiera de estos supuestos, me habría sido imposible lograr siquiera lo que ahora había conseguido, y las revelaciones que aquí hago se habrían perdido para la posteridad de manera absoluta—. Tenía, por tanto, sobradas razones para estar agradecido; aunque, a decir verdad, aún estaba demasiado aturdido como para sentirme nada en absoluto y permanecí colgado

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