peligro real debido a la presión de la multitud enardecida), la cadena de la que ordinariamente pendía el candelabro, y que había sido recogida al retirarlo, pudo verse descender muy gradualmente, hasta que su extremo en forma de gancho quedó a tres pies del suelo.
Poco después de esto, el rey y sus siete amigos, tras haber girado tambaleándose por todo el salón en distintas direcciones, se encontraron por fin en el centro y, por supuesto, en contacto directo con la cadena.
Mientras se hallaban en tal situación, el enano, que los había seguido silenciosamente de cerca, incitándolos a mantener el alboroto, se asió de la cadena de ellos mismos en la intersección de las dos porciones que cruzaban el círculo diametralmente y en ángulos rectos. Aquí, con la rapidez del pensamiento, insertó el gancho del que solía colgar el candelabro; y, en un instante, mediante algún agente invisible, la cadena del candelabro fue izada tan alto como para dejar el gancho fuera de su alcance y, como consecuencia inevitable, para arrastrar a los orangutanes estrechamente unidos, cara a cara.