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nydus/Short FictionPublic
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Rey Pest

Enfrente de él, y dando la espalda a la puerta, había una dama de un carácter no menos extraordinario. Aunque tan alta como la persona recién descrita, no tenía derecho a quejas por una emaciación antinatural. Se hallaba evidentemente en la última etapa de una hidropesía, y su figura se asemejaba bastante al enorme barril de cerveza de octubre que estaba, con la tapa hundida, muy cerca de ella, en un rincón de la estancia. Su rostro era sumamente redondo, rojo y lleno; y la misma peculiaridad, o más bien falta de peculiaridad, era aplicable a su semblante, que antes mencioné en el caso del presidente⁠—es decir, solo un rasgo de su rostro se distinguía lo suficiente como para requerir una caracterización separada; en verdad, el agudo Lona observó de inmediato que la misma observación podía aplicarse a cada individuo del grupo; todos los cuales parecían poseer el monopolio de alguna porción particular de la fisonomía. En el caso de la dama en cuestión, esta porción resultó ser la boca. Comenzando en la oreja derecha, se extendía con un abismo aterrador hasta la izquierda⁠—los cortos pendientes que llevaba en ambos pabellones auriculares se metían continuamente en la abertura. Hacía, sin embargo, todo lo posible por mantener la boca cerrada y adoptar un aspecto digno, con un vestido que consistía en una mortaja recién almidonada y planchada que le llegaba justo debajo de la barbilla, con una gorguera rizada de muselina de cambray.

A su diestra se sentaba una jovencita diminuta a la que parecía patrocinar. Esta delicada y pequeña criatura, en el temblor de sus dedos consumidos, en el tono lívido de sus labios y en la leve mancha tísica que teñía su tez por lo demás plomiza, daba indicios evidentes de una tisis galopante. Un aire de extrema haut ton, sin embargo, impregnaba todo su aspecto; llevaba de manera graciosa y dégagé una grande y hermosa mortaja del más fino lino de la India; su cabello colgaba en rieles sobre su cuello; una suave sonrisa jugueteaba alrededor de su boca; pero su nariz, sumamente larga, delgada, sinuosa, flexible y llena de granos, colgaba muy por debajo de su labio inferior y, a pesar de la delicada manera en que de vez en vez la movía hacia un lado o hacia el otro con la lengua, confería a su semblante una expresión algo equívoca.

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