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nydus/Short FictionPublic
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El misterio de Marie Rogêt

“Difícilmente necesito deciros —dijo Dupin, al terminar la lectura de mis notas—, que este es un caso mucho más intrincado que el de la calle Morgue, del cual difiere en un aspecto importante.

Este es un ejemplo de crimen ordinario, aunque atroz. No hay en él nada singularmente outré. Observaréis que, por esta razón, el misterio se ha considerado fácil de resolver cuando, precisamente por esta razón, debió considerarse difícil.

Así; al principio, se creyó innecesario ofrecer una recompensa. Los esbirros de G⁠⸺ fueron capaces de comprender de inmediato cómo y por qué pudo haberse cometido semejante atrocidad. Podían formarse en la imaginación un modo —muchos modos— y un motivo —muchos motivos—; y como no era imposible que cualquiera de estos numerosos modos y motivos hubiese sido el real, dieron por sentado que uno de ellos tenía que serlo.

Pero la facilidad con que se abrigaron estas fantasías variables, y la propia plausibilidad que cada una adoptaba, debieron entenderse como indicios de las dificultades más que de las facilidades que han de acompañar a la elucidación. Ya he observado antes que es mediante prominencias por encima del plano de lo ordinario como la razón tantea el camino, si es que lo hace, en su búsqueda de la verdad, y que la pregunta adecuada en casos como este no es tanto «¿qué ha ocurrido?» como «¿qué ha ocurrido que jamás haya ocurrido antes?».

En las investigaciones en la casa de Madame L’Espanaye, los agentes de G⁠⸺ se sintieron desanimados y desconcertados por esa misma insólita rareza que, para un intelecto debidamente ordenado, habría proporcionado el más seguro augurio de éxito; mientras que ese mismo intelecto podría haberse sumido en la desesperación ante el carácter ordinario de todo cuanto saltaba a la vista en el caso de la muchacha perfumista, el cual, sin embargo, solo anunciaba un fácil triunfo a los funcionarios de la Prefectura.”

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