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nydus/Short FictionPublic
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Von Kempelen y su descubrimiento

oro jamás se les pasó por la cabeza, por supuesto; ¿cómo se les iba a ocurrir semejante fantasía desabellada? Y su asombro puede concebirse fácilmente cuando al día siguiente se supo, por todo Bremen, que el «lote de latón» que habían trasladado tan desdeñosamente a la comisaría, sin tomarse la molestia de guardarse en el bolsillo ni el más mínimo fragmento, no solo era oro —oro verdadero—, sino oro mucho más fino que el empleado en la acuñación; oro, de hecho, absolutamente puro, virgen, sin la más mínima aleación apreciable!

No necesito repasar los detalles de la confesión de Von Kempelen (hasta donde esta llegó) y su liberación, pues son conocidos por el público.

Que en realidad ha realizado, en espíritu y en efecto, si no al pie de la letra, la vieja quimera de la piedra filosofal, ninguna persona en su sano juicio tiene la libertad de dudarlo.

Las opiniones de Arago merecen, por supuesto, la mayor consideración; pero no son en modo alguno infalibles; y lo que dice del bismuto, en su informe a la Academia, debe tomarse cum grano salis.

La simple verdad es que, hasta este período, todos los análisis han fracasado; y hasta que Von Kempelen decida darnos la clave de su propio enigma publicado, es más que probable que el asunto permanezca, durante años, en statu quo.

Todo lo que hasta ahora puede decirse justamente que se sabe es que «se puede hacer oro puro a voluntad, y muy fácilmente, a partir de plomo en combinación con ciertas otras sustancias, de naturaleza y proporciones desconocidas».

La especulación, por supuesto, bulle en cuanto a los resultados inmediatos y postreros de este descubrimiento; un descubrimiento que pocas personas reflexivas vacilarán en atribuir a un creciente interés por el asunto del oro en general, debido a los recientes acontecimientos en

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