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nydus/Short FictionPublic
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Un cuento de Jerusalén

la exclamación que brotó de los labios de Ben-Leví.

“¡Booshoh he!⁠—¡qué vergüenza!⁠—es un carnero de los matorrales de Engadi, ¡y tan áspero como el valle de Josafat!”

—Es la primera cría del rebaño —dijo Abel-Phittim—; lo conozco por el balbuceo de sus labios y el inocente repliegue de sus miembros. Sus ojos son más hermosos que las joyas del Pectoral, y su carne es como la miel de Hebrón.

—Es un ternero cebado de los pastos de Basán —dijo el fariseo—, los gentiles se han portado maravillosamente con nosotros; alcemos nuestras voz en un salmo; ¡demos gracias con la chirimía y con el salterio, con el arpa y con el huggab, con la cítara y con el sacabuche!

No fue hasta que la cesta hubo llegado a unos pocos pies de los Gizbarim que un gruñido bajo reveló a su percepción un cerdo de no común tamaño.

—¡Ahora El Emanu! —exclamó el trío lentamente y con los ojos en blanco mientras, soltando el amparo, el cerdo emancipado caía de cabeza entre los filisteos—; ¡El Emanu!⁠—¡Dios esté con nosotros!⁠— ¡es la carne inefable!

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