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nydus/Short FictionPublic
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Nunca apuestes tu cabeza al diablo

siempre un placer, y los bebés, como los bistecs duros o los olivos griegos modernos, siempre mejoran a base de golpes—, pero, ¡pobre mujer! tuvo la desgracia de ser zurda, y a un niño azotado con la zurda más le valdría no ser azotado. El mundo gira de derecha a izquierda. No sirve de nada azotar a un bebé de izquierda a derecha. Si cada golpe en la dirección adecuada expulsa una propensión maligna, se deduce que cada porrazo en la contraria introduce su cuota de maldad. A menudo estuve presente en los castigos de Toby y, aun por la forma en que pataleaba, pude percibir que iba empeorando cada día más. Al fin vi, a través de las lágrimas en mis ojos, que no había esperanza alguna para el sinvergüenza, y un día, tras haberlo abofeteado hasta que se puso tan morado de cara que uno lo habría tomado por un pequeño africano, y sin haberse producido más efecto que el de hacerlo retorcerse hasta darle un ataque, no lo soporté más, me arrodillé de inmediato y, alzando la voz, profeticé su ruina.

El caso es que su precocidad en el vicio era espantosa.

A los cinco meses de edad solía enfurecerse de tal manera que era incapaz de articular palabra.

A los seis meses, lo pillé royendo una baraja de cartas.

A los siete meses tenía la costumbre constante de atrapar y besar a las bebés.

A los ocho meses se negó rotundamente a estampar su firma en el compromiso de Templanza.

Así continuó aumentando en iniquidad, mes tras mes, hasta que, al finalizar el primer año, no solo insistía en llevar bigote, sino que había contraído la propensión a maldecir y jurar, y a respaldar sus afirmaciones con apuestas.

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