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nydus/Short FictionPublic
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Mistificación

clave, mientras que su apariencia física le brindaba inusitadas facilidades para llevar a cabo sus propósitos.

Creo firmemente que ningún estudiante de G⁠⸺⁠n, durante aquella célebre época tan pintorescamente llamada la dominación del barón Ritzner von Jung, llegó a penetrar jamás con justeza en el misterio que ensombrecía su carácter. Pienso de verdad que ninguna persona de la universidad, con excepción de mí mismo, llegó a sospechar nunca que fuera capaz de una broma, ya fuera verbal o práctica:⁠—antes se habría acusado al viejo mastín de la puerta del jardín⁠—al fantasma de Heráclito⁠—o a la peluca del profesor emérito de Teología. Y esto, a pesar de ser evidente que los trucos, extravagancias y bufonadas más flagrantes e imperdonables de cuantos concebirse puedan eran llevados a cabo, si no directamente por él, al menos de manera manifiesta por su mediación o connivencia.

La belleza, si se me permite llamarla así, de su arte mystifique residía en esa consumada habilidad (fruto de un conocimiento casi intuitivo de la naturaleza humana y de un autocontrol de lo más admirable) por medio de la cual jamás dejaba de aparentar que las bufonadas en cuya culminación se ocupaba surgían, en parte a pesar, y en parte como consecuencia, de los loables esfuerzos que hacía para impedirlas y para preservar el buen orden y la dignidad de la Alma Mater. La profunda, la punzante, la abrumadora mortificación que, ante cada nuevo fracaso de sus encomiables empeños, inundaba cada facción de su rostro, no dejaba el menor margen de duda sobre su sinceridad ni siquiera en el ánimo de sus compañeros más escépticos.

La agilidad, también, no era menos digna de observación con que se ingeniaba para trasladar el sentido de lo grotesco del creador a la criatura⁠—de su propia persona a los absurdos a los que había dado lugar. En ningún caso anterior a aquel de que hablo, he conocido al mistificador habitual escapar a la consecuencia natural de sus

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