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nydus/Short FictionPublic
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Falta de aliento

Aunque no pude averiguar al principio con precisión hasta qué punto me había afectado el suceso, determiné en todo caso ocultar el asunto a mi esposa, hasta que una mayor experiencia me revelara el alcance de esta mi inaudita calamidad. Mudando por lo tanto mi semblante en un instante, de su aspecto abotagado y disforme, a una expresión de picaresca y coqueta benignidad, le di a mi señora una palmada en una mejilla y un beso en la otra, y sin decir una sola sílaba (¡Furias!, no podía), la dejé asombrada de mi bufonada, mientras salía pirueteando de la habitación en un pas de Zephyr.

He aquí, pues, que me hallo cómodamente instalado en mi tocador privado, un temible ejemplo de las nefastas consecuencias que conlleva la irascibilidad; vivo, con las aptitudes de los muertos; muerto, con las propensiones de los vivos; una anomalía sobre la faz de la tierra; muy tranquilo, pero sin aliento.

¡Sí! sin aliento. Hablo muy en serio al afirmar que mi aliento se había ido por completo. No habría podido mover con él ni una pluma de haber estado mi vida en juego, ni empañar siquiera la delicadeza de un espejo. ¡Cruel destino!⁠—, sin embargo, hubo cierto alivio para el primer abrumador paroxismo de mi dolor. Comprobé, al hacer la prueba, que las facultades de la palabra que, al verme incapaz de continuar la conversación con mi esposa, di entonces por totalmente destruidas, estaban de hecho solo parcialmente impedidas, y descubrí que si en aquella interesante crisis hubiera bajado la voz hasta un tono gutural singularmente profundo, aún habría podido seguir comunicándole mis sentimientos; pues este tono de voz (el gutural) depende, según veo, no de la corriente del aire, sino de cierta acción espasmódica de los músculos de la garganta.

Arrojándome sobre una silla, permanecí durante algún tiempo absorto en mis pensamientos. Mis reflexiones, como es de suponer, no tenían nada de consoladoras. Mil vagas y lacrimógenas fantasías se apoderaron

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